8.11.09

la perspectiva

Tumbada en mitad del salón que era a la vez cocina y dormitorio, Lithbeth observaba sus últimos cuadros. Los había alineado todos, pero como solo tenía dos caballetes los demás estaban apoyados donde había pillado. Intentaba descubrir qué era lo que tenían de especial.

La gente se maravillaba cuando abría una exposición, se deshacían en halagos, propuestas de compra y nuevas galerías, cada cual más suculenta. Y ella seguía sin comprender por qué sus pinceladas dejaban atónitamente maravillados a los demás. Era lo suficientemente honrada como para saber que pintaba bien y reconocerlo; además, le gustaba lo que hacía y como quedaba, pero en su interior creía que estaban sobrevalorando su pasatiempo. ¿Qué tenía de singular pintar un entierro, un gato callejero o un relámpago sobre la ciudad? ¿Qué tenía de espectacular retratar el cuerpo usado y tatuado de una prostituta en actitud lasciva? ¿Y la muerte repentina de un transeúnte atropellado? Para ella eran únicamente escenas grabadas en su mente fotográfica, tomadas como una breve instantánea, que luego gustaba de retratar en sus ratos libres. Como quien se devana los sesos montando un puzzle, los fines de semana.

Kafka se sentó a su lado mientras ella mordisqueaba una rosquilla, y le miró, como esperando una respuesta a sus preguntas. El enorme gato la observó a su vez con su único ojo, sin decir nada, ronroneando suavemente. Bostezando, se lamió los bigotes, dejando de mirarla a ella y dedicándose a examinar los cuadros que tenía delante, como un experto crítico de arte. Y Lithbeth suspiró, con una leve sonrisa colgando de los labios. Volvió la mirada hacia delante y pensó qué era lo que la llamaba a ella de todas las imágenes plasmadas. Descubrió que un único gesto, una postura, una cierta colocación en los objetos, llamaban insconscientemente su atención, y por ello guardaba en su mente todas esas escenas que, de algún modo, la habían hecho fijarse. Se preguntó entonces si todo lo que ella capataba también lo verían las personas que compraban los cuadros.



- No sé qué es lo que verás tú, querida, pero lo que deja a la gente con la boca abierta es la naturalidad de tus escenas. ¿Me explico?- Aryeh fumaba pausadamente mientras vigilaba al gato tuerto.- Es como si contemplaras la fuerza del destino a través de los cuadros, algo innegable, que no se puede cambiar. Porque tiene que ser así, y asi está bien que sea, nos parezca bien o mal.- le dio un sorbo a su capuccino, paladeándolo.

Lithbeth lo miró por encima del cuenco de café con una ceja alzada mientras intentaba comprender los pensamientos del hombre que tenía en frente. Lo había llevado al café de siempre, que él decía tenía un toque bohemio muy francés, e intentaba resolver sus preguntas entresacando las respuestas de las divagaciones de su amigo. Cuando el camarero llegó trajo un platito con atún para Kafka y se llevó una sonrisa sugerente de Aryeh mientras ella contemplaba pensativa la calle plagada de hojas de otoño.

8 comentarios:

Diario de nuestros pensamientos dijo...

wouu... bonito tu blog! y gracias por el comentario y susripcion!
Nos leemos!!!!!

Besos

Pescador de Ballenas dijo...

Kafka se sienta a su lado. Al mío tambien, a veces me cuente anécdotas sobre su padre mientras Freud y Shelley bailan un tango más histriónico que sentido.
Un saludo y un canto de ballena. =)

ClavedeFa~ dijo...

Me gusta Kafka e imaginar que ese gato tuerto guarda un secreto. ^^

Saludos de colores =)

La niña de los finales de azúcar dijo...

La pintora de cuadros, y el gato tuerto. El nombre del gato es súper original, es el del escritor no? Me he encantado Kiwi! TEXTAZO! Me encantan los detalles que intercalas con la narración.
Muás

Laury~! dijo...

Todos los gatos tuertos guardan secretos...
Besos.

Dara Scully dijo...

Gracias por informarme de la copia, bonita. Me he quedado alucinada al verlo. No sé por qué la gente hace ese tipo de cosas, pero ya le pedí que lo borrara y lo ha hecho.
De nuevo, muchas gracias por avisarme y un miau gigantesco.

MeryC dijo...

Me encantaría ver esos cuadros y contarle el secreto. Si es que lo descubro =)

Un beso de piruleta detective!

Belén dijo...

Las cosas no varían tanto desde otros ojos, solo que cada uno le damos más importancia a una cosa...

O eso creo!

Besicos